Una novela crítica y simbólica sobre el poder de los medios y la necesidad de las empresas de mantener su imagen ante ellos y sus clientes. Una novela que hace pensar y resulta, además interesante en su desarrollo, que el autor lleva hasta sus límites, sin atarse a convenicionalismos. Julia es una empleada de una empresa antigua en Jerusalém. Ella era un simple limpiadora, inmigrante, del turno de noche, pero resulta que muere en un atentado terrorista y un periodista lanza sus dardos envenedados contra esa empresa que fue familiar, fue panificadora y ahora se ha extendido a la papelería. Todo lo que escribe Yehoshua parece trivial, pero todo está cargado de significado y sin hacer alardes. El presidente de la empresa descarga la responsabilidad de recuperar el buen nombre de ésta en el director de recursos humanos. No sabemos sus nombres, siempre aparecen por su función. Pero esta función acaba siendo una tarea que va más allá de lo laboral. Otro límite que el autor explora con precisión y lucidez. La culpa que siente el presidente de la empresa, que es un asunto personal, ha de asumirla el director de recursos humanos que, acaba yendo mucho más lejos de lo legal y de lo laboral, precisamente por que lleva al extremo las retorcidad convenciones ficiticias sobre lo que son los recursos humanos y lo que es una empresa familiar que se preocupa de sus empleados. Muchas lecciones, gran ironía y aguda lucidez para quien sepa verlas en esta novela de buen ritmo.lunes 2 de junio de 2008
Yehoshua; Una mujer en Jerusalén
Una novela crítica y simbólica sobre el poder de los medios y la necesidad de las empresas de mantener su imagen ante ellos y sus clientes. Una novela que hace pensar y resulta, además interesante en su desarrollo, que el autor lleva hasta sus límites, sin atarse a convenicionalismos. Julia es una empleada de una empresa antigua en Jerusalém. Ella era un simple limpiadora, inmigrante, del turno de noche, pero resulta que muere en un atentado terrorista y un periodista lanza sus dardos envenedados contra esa empresa que fue familiar, fue panificadora y ahora se ha extendido a la papelería. Todo lo que escribe Yehoshua parece trivial, pero todo está cargado de significado y sin hacer alardes. El presidente de la empresa descarga la responsabilidad de recuperar el buen nombre de ésta en el director de recursos humanos. No sabemos sus nombres, siempre aparecen por su función. Pero esta función acaba siendo una tarea que va más allá de lo laboral. Otro límite que el autor explora con precisión y lucidez. La culpa que siente el presidente de la empresa, que es un asunto personal, ha de asumirla el director de recursos humanos que, acaba yendo mucho más lejos de lo legal y de lo laboral, precisamente por que lleva al extremo las retorcidad convenciones ficiticias sobre lo que son los recursos humanos y lo que es una empresa familiar que se preocupa de sus empleados. Muchas lecciones, gran ironía y aguda lucidez para quien sepa verlas en esta novela de buen ritmo.
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