










Entre todos los libros por encargo que leo, ha caído uno de la lista de los más leídos. Así que, ya que tengo algo que decir, les cuento. "Los hombres que no amaban a las mujeres" tiene muchos ingredientes para agradar y otros para satisfacer a los paladares sado-maso o, al menos, darles un poquito de carnaza. Pero, ante todo, su autor ha creado a dos personajes que nos caen simpáticos enseguida, con los que queremos tener más aventuras literarias, a pesar de ser, uno-una de ellas una chica marginal. O precisamente por ello. Lisbeth lleva piercing, medias de rayas negras y rojas, camisetas deslucidas, es sumamente flaca y no habla ni cuando tiene necesidad. Quizá no lo necesita; parece no tener empatía ni emociones, pero es sumamente inteligente, endiabladamente lista, hábil, despierta. Una marginada, una excluída social, que realmente se las apaña bien, aunque ha sufrido un violencia sexual sumamente desagradable. Lisbeth mejora en la compañía del protagonista. Debe ser la envidia de muchos machitos metrosexuales, pues todas las chicas y mujeres quieren acostarse con él. Es un tipo simpático, agradable, natural, trabajador, íntegro. No exagero. Lean ustedes la novela si no les importa soportar alguna que otra página sobre algún enfermo sexual y un abusón asqueroso. Por lo demás, la actividad del protagonista para satisfacer a las mujeres se despacha con agilidad; quizá el autor quiere incidir más en las tramas de corrupción, en el trabajo de periodista íntegro, en su relación con el pater familias de la enorme empresa y sus hijos tarados, en la búsqueda de su nieta. Todas las tramas se unen en esa investigación de nuestro protagonista lleva a cabo con la inestimable ayuda de Lisbeth. La novela es la primera parte de una trilogía llamada Millenium. El autor es un sueco. No pongo foto para que no crean que se la recomiendo.
Stieg Larsson es el autor. La portada es horrorosa. Al final del libro se entiende el simbolismo.